Hay prendas que llegan a nuestras manos por caminos inciertos, imprevisibles, casuales.
La ropa adquiere tantas atribuciones como querasmos darle y dice tanto de nosotros como queramos ocultar.
Hay prendas confeccionadas siendo símbolos, de utilidad social, de representación, más allá de su propia esencia, de su aportación física.
Hay prendas que atesoran tiempo, vivencias, recuerdos. Heredadas de mano en mano, acumulando caricias y desprecios, creando espacios, paisajes abruptos de cicatrices, de huellas mal cosidas, de dolores oxidados. Adquiriendo identidades propias, andamiajes de existencias prestadas.